Ingeniería Onírica, el disco de los sueños

Inerior del album – Rosa Masiá & Darío García. Acrílico sobre madera

Introducción

Ingeniería Onírica supone el segundo álbum de estudio del proyecto de música electrónica vanguardista y conceptual Notzing, el culmen de su ciclo onírico compuesto por la trilogía Vigilia, Oniro y Aither, publicados en la institución Knotzept. A través de sus 12 cortes, explora el proceso de la experiencia extracorpórea, el viaje astral y el sueño lúcido desde una perspectiva surrealista, creando un mundo ficticio en torno a las diferentes etapas desde su inicio hasta su final en estructura cíclica. Este ensayo supone una exploración a fondo y un recorrido analítico del mismo.

El planteamiento de esta obra presenta a los ingenieros oníricos, figuras que representan al onironauta tradicional. Al igual que en la aproximación psicológica, los ingenieros oníricos son capaces de manipular sus sueños y crear así mundos oníricos bajo su propia voluntad gracias al estado de semi consciencia, similar al de la vigilia, que alcanzan mientras duermen. La obra otorga a cada una de las fases del proceso de sueño, la condición de artefactos. Estos artefactos, de origen incierto y cósmico son los que manipulan la consciencia del onironauta al entrar en interacción con ellos a su vez que interactúan entre sí dependiendo del grado de estabilidad atómica de cada uno.

La naturaleza sonora del disco, que no pretende ser música per sé sino más bien un compendio de diseño sonoro estructurado de tal manera que intente reproducir las frecuencias predominantes de estos estadíos, se acerca a la de una grabación de campo realizada fuera de nuestro plano físico, provocando a su vez alteraciones neurológicas en su escucha que sirvan como reminiscencia de las sensaciones y actividades cerebrales que tendrían lugar en el oyente. Una búsqueda de plasmar las frecuencias en espectro audible, que emitirían estos artefactos que va encontrando el ingeniero onírico durante su viaje.

Estructurado como una epopeya impersonal, un relato de ciencia ficción y un texto de carácter metafísico o religioso con un simbolismo arraigado en sus cimientos, la obra de Notzing forma un ciclo en sí mismo, siendo la encapsulación de un sueño elevado al infinito, una ecuación fractal. 

Portada Frontal – Rosa Masiá y Darío García – Acrilico y hormigón sobre madera con plancha oxidada metálica

Compendio Analítico de los Artefactos

Cuando la aguja se hunda en el primer surco, el oyente atravesará nuestro plano y se situará directamente frente al primer artefacto, una aproximación cósmica de la Máquina de los Sueños de Sommerville. Simbolizando el cansancio y la predisposición al sueño, el artefacto Onirógeno con forma de óvalo cromado reproduce ante el reflejo del espectador la misma escena de forma repetida hasta que este cae rendido. Como una película siendo proyectada una y otra vez en el interior del reflejo, muestra al Operador encendiendo una máquina orgánica que será la que induzca el viaje onírico del ingeniero que observa. Puesto que la máquina dispone de numerosas manivelas y botones, y requiere de un tiempo de encendido y calentamiento, es obligatorio que el Operador se desplace por el espacio tridimensional realizando lo procedimentado. El ingeniero onírico no tiene voluntad ninguna ni capacidad de actuar, pues es un mero espectador de lo que está sucediendo. El Operador no es una entidad, no dispone de inteligencia y es un vago recuerdo materializado en el cristalizado interior del óvalo escénico. 

Es en ese lapso de tiempo, cuando el artefacto Hipnagogia puede ir formándose, desplazando poco a poco al artefacto Onirógeno lejos del radio de influencia del ingeniero onírico al igual que dos cargas de igual signo se repelen en la naturaleza física. Simbolizando el cierre de ojos y las alucinaciones y fosfenos que tienen lugar momentos antes del sueño, este artefacto de forma no matérica abraza la consciencia del ingeniero y lo lleva de lleno al plano semiconsciente. Es por ello un artefacto de carácter conductor y de formación obligatoria para avanzar en el proceso del sueño, aunque su grado de influencia puede actuar de una manera muy diferente dependiendo del estado neurológico del receptor. Este artefacto, propio del plano semiconsciente, permite crear protomundos inconexos simples, que no gozan de la plena complejidad que pueden tener los mundos ideados por el ingeniero en estados más avanzados del proceso.

En el plano semiconsciente, es determinante tener un encuentro con el artefacto Efialtes, que aunque no siempre se presenta, constituye una llave y puerta de entrada a otros planos de la realidad. En este plano, el ingeniero es un claro receptor de frecuencias, y al igual que una antena atrae al rayo en medio de una tormenta eléctrica, el ingeniero atrae a Efialtes. El ingeniero escuchará entonces el zumbido característico que emite este cuerpo, y deberá luchar por mantener la calma a medida que se adentra en un mar de oscuridad en el que sus miedos se suceden ante sus ojos a través de una vertiginosa caída. La respiración intentará acelerarse y es común que el miedo arruine el resto de la experiencia, materializandose en un despertar sacudido, siendo lo diametralmente opuesto a lo que busca el ingeniero onírico para formar multiuniversos. Simboliza la parálisis del sueño, que abiertamente en la cultura onírica es considerada como el portal de entrada para el viaje astral y la experiencia extracorpórea. En esta fase, el onironauta debe ser capaz de mantener la calma para permanecer en ese estado aletargado en el que su cuerpo deja de responder, pero su mente continúa conscientemente activa. Llegado este punto, muchos onironautas reconocen que subyace la clave para lograr el desdoblamiento, intentar abandonar el cuerpo. Este proceso requiere constancia y mucha fuerza de voluntad. En la cultura popular, el cuerpo físico está unido al cuerpo astral por un cordón de plata. Este cordón de plata es el testigo que permitirá el regreso de la mente al cuerpo cuando culmine el viaje astral. Hasta que la mente no haya sido capaz de alejarse lo suficiente del cuerpo físico, el cordón de plata intentará que esta vuelva al recipiente, atrayéndola como un gran imán atrae al hierro. Es por ello, que se considera este artefacto como tremendamente inestable y volátil. Se debe actuar con cautela durante su influjo.

Proyector es el artefacto toroidal derivado de Efialtes cuando se logra mantener su influencia en el transcurso del plano semiconsciente al plano transitorio. La variación neurológica del receptor junto con la recepción de las frecuencias de Efialtes, forman un toroide matérico que permite al ingeniero onírico ingresar a un nuevo plano, un canal a través del cual se permite proyectar y materializar la consciencia en el plano transitorio.

Extracorpóreo a su vez es un artefacto intrínseco al artefacto Proyector, presente en el plano transitorio y con influencia a su vez en el plano físico, permitiendo al ingeniero onírico abandonar por completo su cuerpo físico, separarse y unificarse con la conciencia materializada al otro lado del toroide Proyector. Permite a la conciencia materializada del ingeniero comunicarse con los impulsos básicos motrices y órdenes cerebrales del plano físico, traduciendo los diferentes protocolos implicados. Es un traductor de impulsos neurológicos para que la conciencia materializada pueda actuar acorde con la voluntad del ingeniero mediante un símil a los impulsos motrices del plano físico, teniendo cierta constancia del tiempo y el espacio en otros planos adyacentes en los que no existen esos conceptos.

El espacio unidimensional entre el plano transitorio y el plano onírico se denomina Vacio, es un artefacto en si mismo y atravesarlo supone una fisión atómica de total de la conciencia materializada. Es uno de los artefactos más desconocidos, y con una influencia más corta sobre el receptor, pues atravesarlo apenas dura unas milesimas de segundo de nuestro plano físico. Sin embargo, la mesura del tiempo interdimensional es severamente y radicalmente diferente y el estado psíquico de los ingenieros oníricos durante su trayecto es de una inestabilidad tal que analizarlo a fondo supone una imposibilidad. Es la ceguera astral, la lucha atómica entre planos, la transformación energética de la materia.

Ya en el plano onírico, un nuevo universo se presenta ante el ingeniero. Ha abandonado cualquier influencia física y vaga por un entorno generado de manera procedural, calculado a través de algoritmos basados en sus recuerdos. Sin embargo, este universo alberga una serie de artefactos que se presentan de manera fija entre la aleatoriedad de los parajes, las edificaciones y el nuevo mundo.

Estéticamente, y en base a dichos algoritmos, el mundo es creado por el artefacto Arquitecto. Una recreación esférica del universo elevado a infinito. En caso de que este artefacto pueda entrar en interacción de alguna manera con el ingeniero onírico, y este se encuentre en una predisposición consciente, con un canal abierto lo suficientemente estable de comunicación, el Arquitecto permitirá sugerencias u órdenes para modificar y construir el entorno onírico a voluntad del ingeniero onírico. Podrá crear edificios estructuralmente imposibles, carreteras, montañas o cualquier terraformación que el ingeniero le dicte.

A su vez, presente en el mundo onírico, aparece el artefacto Escultor, siendo un cubo de hormigón de unos 3 metros físicos por cada arista. Al igual que Arquitecto, siempre que el canal sea estable, puede permitir sugerencias del ingeniero para crear y poblar los entornos y mundos oníricos de inteligencias, imágenes y formas. Sin embargo actúa de manera más caótica, creando a menudo imágenes recurrentes basadas en los recuerdos e instintos de la mente del ingeniero. 

Para finalizar la trinidad de la formación del mundo onírico, el artefacto Programador, siendo código en cascada, es una inteligencia orgánica algorítmica que se encarga de dotar a los mundos oníricos de acontecimientos y eventos que se suceden de manera persistente antes, durante y después de la influencia del ingeniero onírico.

Aunque estos universos son en cierto modo persistentes y todos los acontecimientos influyen en los algoritmos de creación subyacentes, el artefacto Devoramundos supone la autodestrucción y autofagocitación de los mismos. Es un artefacto derivado de la propia mente del ingeniero onírico, y devora el mundo creado a su paso, provocando una inestabilidad total a su paso. Es el fin del mundo formado.

Cuando esto ocurre, el artefacto Cordón, que sigue pendiendo de la conciencia materializada en el mundo onírico del ingeniero, comenzará a luchar contra los diferentes influjos y atracciones energéticas del plano onírico para intentar regresarla al cuerpo físico de donde proviene. Se desconoce que ocurre en caso de fisión o rotura de dicho artefacto, y es posible que la conciencia nunca regrese al plano físico, dejando en el mismo, un cuerpo físico sin ningún tipo de voluntad, pensamiento o inteligencia.


El artefacto Regreso, está presente en el plano plano onírico-transitorio y en el transitorio-semiconsciente, y es la antagonía del artefacto Devoramundos, formándose a la vez que esté y en direcciones opuestas. Es un portal y un canal a través de todos los planos que permite regresar la conciencia al cuerpo físico de manera rápida en una situación de emergencia o destrucción del universo. El cuerpo del ingeniero recupera su conciencia, sus signos vitales normales y su actividad neurológica anterior. Este artefacto a su vez tiene una clara interacción con Efialtes, pudiendo presentarse durante el transcurso en el que la consciencia vuelve al cuerpo creando los sueños fractales y volviendo a comenzar el proceso onírico de nuevo.

Edición completa del disco

Estructura Analítica del Disco

El disco está estructurado de una manera cíclica de forma que repasa las diferentes etapas y transiciones del sueño desde su inicio a su final para volver de nuevo al inicio. Está ideado así para que una vez termine con el artefacto Regreso, se vuelva a escuchar el zumbido de interacción que provoca el artefacto Efialtes, sugiriendo un nuevo comienzo o un regreso no del todo satisfactorio de la consciencia al cuerpo.

Durante la escucha del disco, Vacío actúa como el elemento diferenciador entre planos. Un interludio que cierra la escucha del primer disco para dar comienzo al segundo, delimitando claramente los planos propios del mundo físico y los propios del mundo onírico. 

Cada corte tiene variaciones automatizadas del ritmo, la cuadratura y la normalización que simbolizan las constantes vitales físicas del ingeniero en el caso de estar escuchando artefactos propios del mundo físico, la inestabilidad de dichos artefactos y la materialidad de los mismos. 

Composición y diseño sonoro

Para el diseño sonoro de este disco se han utilizado diversas formas de proceder, así como técnicas innovadoras a la hora de su composición. Predominando una estricta síntesis analógica con una gran cantidad de modulaciones sobre la amplitud y la frecuencia de las ondas gracias al diseño de los sintetizadores modulares, se ha decidido que, al contrario de lo que suele ocurrir, sean los elementos diseñados con síntesis digital los que sobresalgan por encima de la capa de sonido tan basta y gruesa de la síntesis analógica, siendo estos elementos diferenciadores y casi extraños en la homogeneidad creada. De esta manera se ha conseguido recrear un ambiente surrealista, donde las tablas de onda divergen de las frecuencias bajas y los beats.

Sobre esta amalgama de sonidos puramente sintéticos, se suceden las texturas granulares post procesadas y moduladas en directo durante la grabación, creadas a partir de grabaciones de campo y micrófonos de contacto.

El post procesado general, el arrangement y la mezcla han sido realizados de forma digital, permitiendo diseñar matices y sonidos gracias a la automatización de los efectos de post proceso así como variaciones estructurales.

Lado A – Original – Rosa Masiá y Darío García – Acrílico sobre madera.

Análisis del arte

El arte ha sido realizado por Rosa Masiá y su pareja Darío García. Está constituido por una portada, una contraportada, dos láminas interiores interconectadas entre sí y las etiquetas circulares de cada uno de los vinilos, cuatro en total. Para realizarla se ha usado pasta acrílica sobre láminas de madera lacadas en blanco, así como pintura acrílica, hormigón y otros materiales como láminas de acero oxidado o fibras de cuerda metálica.

La portada muestra una plancha de acero oxidado emanando del hormigón, una representación de lo que podría ser el artefacto Arquitecto. 

La contraportada, muestra un cuadrado de color blanco y texturizado con cierta rugosidad y ondulaciones que no dejan muy claro su estado de composición. Sobre él, descansan algunas fibras metálicas manchadas a su vez de blanco que sugieren un estado líquido de la estructura cuadrada. De dicha estructura, se puede ver su núcleo, de tipo cromado y metálico. Una alusión a los cromados del artefacto Onirógeno que sugieren la introspección y el intimismo de la obra al basarse está por completo en el vivo reflejo del oyente, pues los mundos oníricos son creados a raíz de sus vivencias personales y experiencias, de lo que él mismo puede ver a cuando contempla su reflejo sobre un espejo.

Los interiores corresponden a una gran formación matérica que simbolizan el espacio del vacío, la formación inicial del mundo onírico, el big bang del metaverso.

En el caso de la etiqueta circular que corresponde a la cara A del disco, supone una pintura matérica que simboliza el proceso de destrucción del mundo onírico por el artefacto Devoramundos.

En el caso de la etiqueta correspondiente a la cara B del disco, muestra una sección en pintura matérica acrílica de los hemisferios cerebrales del ingeniero durante el proceso y una analogía de los planos físicos y astrales, uno corrupto y otro en proceso de corrupción por la consciencia del ingeniero.

La etiqueta de la cara C es una formación onírica, un trozo de terreno de una obra creada por el artefacto Arquitecto. Es una pintura acrílica matérica fotografiada con una lente macro.

Finalmente la etiqueta de la cara D muestra las dos paredes del artefacto Programador, dos paredes simétricas en espejo que forman un portal interdimensional.

Contraportada – Rosa Masiá y Darío García – Acrílico, cuerda metálica y papel de aluminio y sobre madera.

El Fin

Esta obra supone el culmen del ciclo onírico, un álbum concebido por y para el onironauta, una oda a los sueños y a la vanguardia electrónica sonora. Una búsqueda incansable por un sonido nuevo, incipiente y cuyo nicho y repercusión es aún desconocida. No se espera nada de ella, más que el mero hecho de ser un elemento diferente para aquel que busque una nueva experiencia auditiva. Un homenaje de su creador a su creador. Un álbum hecho a la medida de los gustos e inquietudes de la persona que está detrás del proyecto. Una válvula de escape, creada antes y durante un cambio de era, una época histórica. La culminación distópica de la realidad, la crisis del coronavirus, el colapso del capitalismo, la ausencia de futuro en el plano físico y el intento de crear un universo imaginario al que huir de la opresión social generalizada.



Los nuevos complejos residenciales. Utopía socialista, autogestión y hormigón.

A pesar de parecer propio de una utopía socialista, los nuevos complejos residenciales son tendencia en el seno capitalista  y neoliberal del mercado inmobiliario Español. Cada vez son más las constructoras que ofrecen entre sus promociones de obra nueva, urbanizaciones que gozan de todo tipo de servicios comunitarios mantenidos por una mensualidad. Gimnasios, espacios de co-working, piscinas, trasteros, parques infantiles, lavanderías… todo ello sin salir de los espacios comunes. 

Aunque la mayor parte de estos servicios en la actualidad son desatendidos, es posible divisar un atisbo de luz en el futuro, un mundo socialista y comunitario posible de autogestión en cada una de las urbanizaciones, que puedan ir reemplazando al modelo actual de vivienda colmena que se lleva arrastrando desde los años 50 y la construcción masiva de ladrillo en España.

El problema del precio de la vivienda en nuestro país y la escasez de oferta de vivienda social, la antigüedad de muchos barrios de las ciudades capitales y periféricos y la escasez de suelo residencial urbanizable que sea útil y cercano a puestos de trabajo, puede en un futuro fomentar el reemplazo de todo un modelo de hogar.

Este texto plantea la posibilidad de un modelo residencial utópico y alternativo que sustituye los barrios por torres y urbanizaciones autogestionadas con todo tipo de servicios y que, a su vez, resuelve el problema de la escasez de vivienda, empoderando y dando competencias de sostenibilidad al tejido vecinal.

Capitalismo brutal: un mundo distópico y post-apocalíptico.

Durante el año 2020 y comienzo de 2021 se ha podido comprobar cómo el sistema de Estado de Bienestar, que ya se venía tambaleando debido a la corrupción y malversación de la clase política, se veía colapsado ante la crisis sanitaria vivida por el COVID-19 y las condiciones climatológicas adversas e inesperadas para las que no existía ningún tipo de preparación (véase temporal Filomena). Si algo se ha venido observado durante los últimos años, es que la literatura de Philip K. Dick o William Gibson más que meras obras de ficción, son textos proféticos y fuente de inspiración para las grandes corporaciones ultra tecnológicas. La alienación de la población y su dependencia a las nuevas tecnologías está ocasionando estragos psicológicos, así como un cambio en los procesos sociales de las nuevas generaciones criadas en el epicentro de este periodo crítico. La disminución de la empatía en la sociedad y un aumento de la brecha entre las ya existentes clases sociales, está siendo el caldo de cultivo para el crecimiento de estas macro corporaciones que no solo acaparan el poder económico, sino que son las que deciden la trayectoria política global.  El “high-tech low-life” del movimiento cyberpunk se está haciendo realidad. Ya existen los esclavos del siglo XXI al servicio del capital más aberrante de las últimas décadas. 

Puesto que estas corporaciones están obligando al pequeño comercio a echar el cierre debido a la incapacidad para hacerles frente, los barrios han perdido toda la capacidad de autogestión y organización. Sumado a la gentrificación que desde los gobiernos municipales se está potenciando, las colmenas de los años 50 y los edificios de los años 70 poco a poco se podrían convertir en nichos para esclavos al servicio de estos entramados económicos.

Las Torres-Ciudad. Una solución de habitabilidad al capitalismo absurdo.

Como ya se expuso anteriormente, las urbanizaciones de nueva construcción y proyectos arquitectónicos están trabajando para potenciar una diversidad de espacios comunes desatendidos, mantenidos por los propios vecinos. Aunque en la actualidad resulte absurdo e irreverente que los gastos intracomunitarios sufran un exacerbado aumento por añadir piscinas, gimnasios o parques infantiles mientras los salarios son cada vez más bajos, esto podría ser el comienzo de una ficticia utopía socialista y un nuevo modelo de urbanismo. Lo que hoy en día parece un plan para potenciar la natalidad, podría ser la solución de habitabilidad para los mundos apocalípticos que vienen acorde con los grandes literatos y profetas del movimiento cyberpunk.

Imaginemos por un momento un gran plan de urbanismo que sustituya los barrios y comunidades de vecinos que hoy conocemos y que cada vez están más anticuados y fuera de lugar en un mundo donde el teletrabajo, los confinamientos selectivos o las medidas represivas ante catástrofes y situaciones extremas son cada vez más frecuentes, por una serie de torres o urbanizaciones en cuyas plantas, además de los habitáculos o apartamentos residenciales, se dispongan comercios y todos y cada uno de los servicios esenciales necesarios para la supervivencia y bienestar de sus habitantes. Imaginemos ahora qué, en lugar de encarecer los gastos comunitarios externalizando estos servicios, fuesen mantenidos por la propia comunidad. Estos servicios podrían ir desde supermercados a farmacias, pasando por lavanderías, peluquerías o incluso huertos, invernaderos y piscifactorías. Algo así como lo ideado por el director José Luis Cuerda en Un Tiempo Después en el que toda la humanidad vive y desempeña sus profesiones dentro del emblemático edificio Torres Blancas de Madrid diseñado por el arquitecto Saenz de Oiza.

Estas comunidades podrían suponer el fin del neoliberalismo y el capitalismo absurdo, una vuelta de tuerca del primitivismo y el comunalismo abogando por la autogestión y la organización vecinal, restando así en gran parte poder a corporaciones y multinacionales.

Esto plantearía aun así muchos problemas, y muchas formas de solventarlos. Desde problemas políticos que puedan darse en los espacios intracomunitarios, pues hay que tener en cuenta que todas y cada una de las urbanizaciones podrían ser susceptibles a golpes de Estado o formas de gobierno represivas y corruptas, hasta problemas de sostenibilidad o aprovisionamiento.

Es por ello que, si bien pueden ser una solución, también pueden sepultar a toda la clase obrera a guetos esclavistas al servicio de las corporaciones proveedoras de materia prima. Sin embargo, con un tamaño comunitario lo suficientemente grande y con capacidad decisiva para seleccionar a sus proveedores podría perpetuar la vida útil de los trabajadores independientes locales del sector primario a su vez que se reemplaza el modelo urbanístico de las grandes ciudades hasta que poco a poco, cada una de las urbanizaciones sean soberanas y capaces de autogestionarse en un gran grado porcentual.

Arquitectura de la supervivencia

El modelo planteado supone un cambio social absoluto, al igual que el cambio social y político que estamos viviendo en los últimos años y que parece inminente ante el colapso del capitalismo y el modelo de Estado de Bienestar. Este modelo puede suponer una solución a los problemas venideros al facilitar la supervivencia intracomunitaria evitando desplazamientos absurdos a un exterior que, desde una visión fatalista y post-apocalíptica, cada vez parecen ser más peligrosos, mientras se reducen las emisiones contaminantes por vehículos privados.

Más allá de orquestar planes urbanísticos basados en urbanizaciones de viviendas unifamiliares o pisos bajos, orientar las nuevas formas arquitectónicas a altas torres que no solo se extiendan hacia el cielo, si no también hacía pisos subterráneos, aumentando su capacidad y reduciendo su extensión en un terreno limitado, supone la solución más factible de cara un futuro incierto.

Teniendo en cuenta uno de los grandes problemas aún sin resolver que azota nuestro planeta, la gestión de la energía nuclear y sus residuos, parece que, aun sin ser el material más sostenible, el hormigón armado puede ser el futuro de la arquitectura. La recuperación de formas arquitectónicas propias del socialismo soviético y el brutalismo, deberían ser la tendencia a seguir en los planes urbanísticos del futuro.

Abogar por ciudades verticales, autogestionadas y sostenibles, refugios soberanos que sean el azote del neoliberalismo y el capitalismo que ahora está sufriendo su auto-fagocitación. El camino a seguir.